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Fuente: Diario de Centro América
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Desde el pasado fin de semana quedó definida la terna de la cual se elegirá al nuevo titular de la ProcuradurÃa de los Derechos Humanos (PDH). Eso es un paso importante en el esquema social en el cual nos desenvolvemos, ya que supone una condición importante para un Estado que vive en democracia. Pero algo que también resulta de suma relevancia es que entre ese trÃo no fue designado en calidad de candidato el actual titular de la entidad referida, Sergio Morales. ¡Y vaya si eso no es bueno!, puesto que dicho personaje, con todo y su doctorado ad hoc y su experiencia en el cargo, realmente desempeñó un papel tan desteñido, con el cual dejó mucho que desear. En efecto: un delegado del Congreso de la República para ocuparse de una materia de tal envergadura, deberÃa ser un funcionario que vele por las garantÃas de todos los guatemaltecos y no sólo por las de pequeños grupos sociales. Paradójicamente, el paso de Morales por la PDH durante dos perÃodos, aunque haya sido placentera para él, no fue de beneficio para la población en general. Y hay que enfatizar en el hecho de que su gestión no fue buena para todos, porque sà lo fue para unos pocos colectivos con los que mostró simpatÃas desproporcionadas. Por que algo innegable en su desempeño fue su inclinación a la defensa de intereses de grupos delincuenciales; entre otros, mareros, reos y criminales de toda especie. En vez de defender los intereses de quienes han sido vÃctimas de la violencia, Morales luchó en forma denodada por aquellos que actúan al margen de la Ley. Es por eso que su exclusión debe ser objeto de congratulaciones, pues nos hemos librado de un personaje nefasto para garantizar los derechos de la población honesta. La expectativa ahora se centra en la elección del próximo magistrado de conciencia, pues se debe tomar en cuenta que quien quiera que sea designado nos representará por los siguientes cinco años. Lo menos que podemos esperar es que el ombudsman sea un personaje parcializado en favor del lado malo y cuyas acciones riñan con el anhelo generalizado de los guatemaltecos: que por fin prevalezca la justicia en el paÃs. Entre la población se percibe un ambiente mucho más distendido respecto del que se vivÃa pocos meses atrás, y cualquier medida que riña con ese clima, es indiscutible que será contraproducente. De manera que una elección desacertada tendrÃa un impacto tan perjudicial, hasta el extremo de que se pueda percibir, si no un retroceso, un continuismo en la débil materia de derechos humanos. Es de esperar que entre los legisladores prime la sensatez y cordura, de modo que puedan tomar la mejor decisión en beneficio de la mayorÃa. Por: Editorial